¡Corre!


Hoy he pasado por las calles de siempre,
con la misma acera, pero distinta gente.
No estaban desiertas como de costumbre,
había distinta luz, y aún así estaban
más transitadas que durante todo el día.

Y allí estaba una anciana,
cruzando la carretera con su perro.
Llevaba un abrigo demasiado abultado para ser primavera.
Su pelo estaba perfectamente blanco y peinado.

No era demasiado alta, ni parecía tener problemas de salud,
pero se le veía en la cara,
tenía pinta de ser de las que se cuelan en la fila del supermercado.
El perro era una cosita gris,
con mucho pelo que tendría unos cuantos años también.

Cuando pasaron la calle y empezaron a cruzar los coches,
ese perro, tan mimado que parecía, y tan feliz,
corrió con todas sus fuerzas hacia la carretera.
Empujó a la vieja, pero era demasiado pequeño para tirarla.

Consiguió en un aprieto salvarle del suicidio.
La vieja ni asustada ni disgustada,
enfadada, le pegó una patada y le gritó.

Yo también vi ese intento de escapar,
solo me gustaría seguirla para escuchar
de qué forma lo cuenta cuando llegue a su casa.

A pesar de todo
Debajo de esta piel
También hay un animal.
Y yo estoy muriendo aquí.
El egoísmo del ser humano.

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