El cuadro que tengo en el salón


Un día hablando con Madga, surgió una conversación, mientras estábamos sentados agarrados de la mano. Qué es lo que buscas en tu pareja perfecta. Tiene huevos, porque los dos sabíamos que la otra persona no era la ideal para cada uno. No sé qué era, porque yo la odiaba. Pero al final acababa volviendo hacia ella. Me refiero a que la odiaba, en cierto sentido, como el cuadro que tengo en el salón, por ejemplo. En realidad la quería, y la sigo queriendo. Soy un poco idiota, quizá.

Yo le describí mi pareja ideal, se entiende que no el físico, sino lo de dentro. En su turno al describir, fue bastante rápida, ya que se parecía bastante a lo que yo había mencionado. Le dije: mi descripción encaja contigo, pero me sorprende que yo encajo a la perfección en la tuya. Ella me respondió que no, yo no encajaba en esa descripción. Lo nuestro nunca podría ser. Para mi fue una paranoia, porque no lo entendía. Así que lo negué. Actué como si nada. Y no lo entendí, no lo entendí hasta ahora.

Una descripción no es una definición, y a pesar de que yo era esos datos, había muchos más que se me escapaban. No me di cuenta de lo importante que eran para ella sus pinturas, y todo tiene que ver con eso. Siempre las menciono en mis poemas. Y en nuestras discusiones le he roto alguna. Por eso no encajo en la descripción. Porque se me olvidaba que para enamorarla simplemente hay que ser un poco tonto, o no tener ni puta idea de arte. Parece una tontería, pero de todos los que han pasado detrás de mí, nadie ha llegado detrás de mí.

Enamórate de la pintora, No de la pintura.

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