El pozo de los deseos


Y nos metimos cuatro parches de nicotina, como si eso fuera a actuar como parches contra el desamor. Como si fuesen a sanar nuestras heridas plagándolas con una droga bastante peor. Masticamos unos cuantos chicles, y nos compramos un chupa-chups. Bebimos como para desinfectar nuestro interior. Llenamos el pozo de los deseos con estrellas fugaces. Llenamos el vacío sacando de ahí dentro alguna cosa más. Nos la jugamos. Y nos la jugamos a cara o cruz. Como quien se la juega a no engancharse a la heroína. Como quien decide patinar en el salón. Y bueno, quién sabe, podría haber salido bien. Pero nos toca vivir sabiendo que el mayor error de nuestra vida no fue una equivocación. Los que aún seguimos cagándola estamos aquí, fumando encima de una sábana que algún día fue blanca. Intentando sacar de algún modo el virus que mató nuestro corazón. Y lo hacemos de la misma forma que un vagabundo se arranca las ganas de comer. O como un pez que intenta respirar en la playa y vuelve a nadar. Aunque sea en otro mar. El hambre y la sed es otro mono más de estar enganchados a la vida. A pesar de que nuestra droga desde el principio fue otra, y ahora nos toca pagar.

Si hace falta con ojeras.

Back to blog