Fatal exception


¿Alguna vez te ha pasado estar con el móvil y que se cierre la aplicación que tienes abierta? Seguro que más de una vez. Tú mismo piensas durante una fracción de segundo: Menuda mierda de móvil. Vuelves a abrir la aplicación, y vuelves al punto exacto en el que estabas. Se acabó el problema, continúas con tu vida, y a los 5 minutos ya has olvidado ese fatal error que obligó a la aplicación a que tuviera que cerrarse.

La cuestión es que en la vida no somos tan distintos. Y joder, benditos errores. Lo bueno que tiene la informática es que si algo falla sabes que ha sido un error de pensamiento. Alguien, en una silla de ordenador, o un grupo de personas no contemplaron una posibilidad. Una rama de decisiones. Y la aplicación, al no ser humana, en vez de arrastrar ese fallo y empezar a destruirse entera así misma, decide apagarse y comenzar otra vez. ¿Cómo de bonito es eso? Pero nosotros somos bateadores viendo las bolas llegar, y cuando fallas la primera tienes que volver a concentrarte y no fallar todas las demás. Lo que destaca de las cosas, no es lo que son, o qué forma tienen, o cómo actúan. Todas estas cosas importan, por supuesto. Pero una pelota azul, que al tocarla brille en ese mismo punto, te da igual que sea una pelota azul, que un rombo amarillo, que solo te interesa cómo reacciona. Lo que destaca de un móvil es cómo reacciona. Y las aplicaciones no tienen mala suerte, ni días malos, y se la suda lo que tú pienses, o necesites.

Simplemente se cierran. Y a tomar por el culo.

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