La teoría del diez por ciento


A veces pienso en las matemáticas. Y me acuerdo de la profesora que tuve en el instituto, que estaba enamorada de la raíz cuadrada de dos. Y es absurdo que nos señalase las diagonales de un azulejo, para estar yo a estas alturas buscando a Fibonacci hasta en los dos ventrículos de un corazón. Yo no es que sea un genio con las mates, pero entiendo del tema, y todo el mundo anda diciendo que las matemáticas son exactas. A mí me parece que es tirarte un farol. Póker de ases. Escalera de color.

Las matemáticas van siempre a lo seguro. Nunca se mojan a decir lo que vale x. Si no tienen ni idea de lo que vale y. Yo siempre lo he dicho, y cualquiera que haya hablado conmigo lo sabe. Para mí un diez por ciento es una probabilidad muy alta. Porque la estadística siempre va de farol, que tiene las de ganar. Piensa en un diez por ciento de que te toque la lotería, o en que tienes un diez por ciento de morir. Igual hasta si supieses qué hay en el otro noventa, te la jugarías sabiendo de antemano que es la opción menos probable, ¿no?

Quizá haya que decidir más veces el valor de x. Quizá haya que decir aunque sea, un valor al azar. Quizá a veces haya que jugársela sin tener toda la información. Porque puede ser que lo que haya en x sea la hostia. Porque para mí, diez por ciento me parece una probabilidad tan buena como cualquier otra.

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