Llora. Grita. Desaparece


Una de las cosas que tengo bien incrustadas en mi cabeza es el amor. Leí una vez, no recuerdo dónde, que las personas nos enamoramos de las cosas que vemos por primera vez. Bien sea un paisaje natural, una ciudad, una persona con ciertos rasgos que la hagan única. Nos podemos enamorar de prácticamente cualquier cosa. En el caso de las parejas, la gran mayoría de nosotros, por lo menos todo el mundo que yo conozco, tenemos una persona acordonada en el pecho. Fue la primera persona que nos hizo sentir importantes. Por supuesto el primer amor no fue el último, porque después han aparecido más y definitivamente no fue el mejor, porque los ha habido mejores y más sinceros. La gran putada es que no puedes recuperar una primera vez, y cuando la pierdes, te invade permanentemente una sensación de tristeza mezclada con buenos recuerdos que ya nunca desaparece. La experiencia me dice que el buscar una segunda vez, o una tercera, nunca sale bien. Siempre hay una decepción, o una rabia interior de “no es lo mismo”. No vale de nada buscar, porque las primeras veces vienen solas, si ya sabes lo que estás buscando nada te va a sorprender. Así que nunca sustituyas nada. Sorpréndete. Enamórate de nuevo.

El amor es como una esponja llena de agua, si quieres mantener lo que hay dentro, no la estrujes.

Y esto es todo lo que quería decir.

Llora. Grita. Desaparece.

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