San Valentín


Llegó a viejo en una sala de espera.
Se le caducaron las recetas mientras descongelaba la cena.
Se le murió el amor en la bajada de la noria.
Se le derritieron los hielos mientras derrochaba el pacharán.
La gente entraba en la consulta, y él siguió en ese mismo asiento.
No había nada peor para él que esperar sentado mientras los demás pasaban delante suyo.
Pasaron los días y vinieron varias enfermeras para preguntarle su nombre,
se llamaba Valentín,
y siempre le decían lo mismo: ahora le tocará.

Teníais que haber visto a Valentín.
Mirada al frente y una sonrisa.
Nunca fue su turno y todos los turnos fueron suyos a la vez.
No recibió una explicación y no la necesitaba.
No tenía otra cosa que hacer, ni nadie que se preocupase por él.
Pobre Valentín, esperando su catorce de Febrero, sus ganas de vivir.
Y en el momento más desesperado se abrió la puerta y una voz dijo: Valentín, váyase a casa.

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