Un paraguas para dos


Esta noche llueve, y como siempre es sin querer, sin haber visto una sola nube. Y por mucho que en internet para hoy salga una lunita bien grande. Llueve a veces sin saberse porqué. Como todo en esta vida, nunca es por casualidad, incluso sin esperarte nada a cambio por vivir.

Para nosotros, amiga, siempre quedará una conversación pendiente. Un conversación en la que no respondamos “bien” al “¿Cómo estás?” En la que no nos importe el qué hacemos sino el qué hicimos mal. Estamos en un bucle en el que nos odiamos sin dejarnos de querer. En unas horas dejará de llover y yo estaré dormido. Cuando me despierte, por algún motivo miraré el móvil. Como todos los días como hoy no habrá notificaciones. Me llevaré una alegría amarga acompañada de un pequeño suspiro que nunca mostraré.

Desamar es la cosa más difícil que hay. Es como descoser un jersey. Lo fácil es quemarlo. Cortarlo. Romperlo. Lo fácil es odiar. Lo fácil es dejar que llueva. Lo fácil es no volvernos a hablar.

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