Una apropiada flor de plástico


Estoy harto de perder cosas. Se empiezan perdiendo las tardes de domingo. Pero más adelante la resaca dura hasta el lunes. Las llaves, ¿dónde coño las he metido?, la cartera, el corazón, que me pregunto si aún seguirá ahí. El móvil lo llevo siempre en la mano, por si uno de estos días te da por escribirme, pero no lo harás. Así que pierdo la batería desbloqueándolo estúpidamente, además de paciencia. ¡Quiero todo ya! ¡Ahora! Que demasiadas cervezas me he bebido en vano. Que por lo menos el ciego valga la pena. Y cuando no lo hace me digo que sí aquí.

Digo que yo mismo estoy perdido porque quizás tengo las ideas demasiado lúcidas. Digo que estoy borracho porque a lo mejor no he bebido suficiente. Digo que odio todo porque por lo menos quiero o quise un poco. Digo que no estoy haciendo nada puede que para estar contigo. Digo que escribo igual para que me leas, y me pienses. Digo no sé para no decir ¡sí, joder!. ¿Qué hostias hago? ¿Por qué hago eso? ¿Para qué voy yo a un recital de poesía, si me dan ganas de reir? Digo yo. Digo yo, que no hago más que decirme. Que para qué me digo nada si lo que se me da bien es escribir.

Si yo dejo los litros abiertos mientras bebo, porque me la suda si se cae. Me ducho y dejo las gotas en el cristal, ¿y quién no? Los platos se quedan sin fregar, la ropa en el puto suelo. Y me la pongo sin planchar. Y me viene un marroquí a las 2 de la mañana a venderme una flor de plástico. Que pienso yo: ¿Una flor a mí de qué cabronazo? ¿No me ves que estoy en la mierda?. Quiero dejar de perder cosas, y dejar de beber ya vendrá después.

O quizás no, no quiero perder eso…

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